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¿Es posible marearse por estrés?

Aunque a primera vista no se piense en el estrés, la realidad es que el estrés puede ser la causa de episodios de mareos que sufren muchas personas.

El estrés es esa respuesta omnipresente a las demandas de la vida cotidiana, no es solo un fenómeno psicológico; es un proceso que involucra una compleja interacción entre el cerebro y el cuerpo. Hoy hablaremos de la conexión entre el estrés y los mareos, para gestionar de mejor manera esta sintomatología.

¿Por qué el estrés puede generar mareos?

Para comprender cómo el estrés puede inducir mareos, es necesario examinar su impacto en el Sistema Nervioso Autónomo (SNA). 

El SNA regula funciones corporales automáticas, como la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la distribución del flujo sanguíneo. Cuando enfrentamos situaciones estresantes, nuestro cuerpo se activa en un modo de "lucha o huida", desencadenando una cascada de respuestas fisiológicas diseñadas para prepararnos para enfrentar la amenaza percibida.

Esta respuesta al estrés impulsa un aumento en la liberación de adrenalina y noradrenalina, hormonas que elevan la frecuencia cardíaca y contraen los vasos sanguíneos. Este cambio en la dinámica circulatoria puede resultar en una disminución temporal del flujo sanguíneo hacia el cerebro, contribuyendo así a la sensación de mareo.

El estrés crónico, caracterizado por una activación prolongada del SNA, puede tener efectos más pronunciados. La presión arterial elevada sostenida y la restricción continua del flujo sanguíneo pueden dar lugar a episodios de mareo recurrentes. Es esencial que los profesionales de la psicología reconozcan estos patrones para abordar eficazmente tanto los aspectos mentales como los físicos del estrés en sus pacientes.

Adicionalmente, la ansiedad y la preocupación persistentes, compañeras frecuentes del estrés crónico, pueden afectar la percepción del entorno y desencadenar sensaciones de desequilibrio.

La mente y el cuerpo están intrínsecamente conectados, y esta conexión se manifiesta de manera única en la experiencia del estrés. En situaciones de estrés, la mente tiende a hiper-enfocarse en las amenazas percibidas, desviando la atención de las señales sensoriales normales. Este cambio en la atención puede llevar a una sensación de desconexión con el entorno, un fenómeno que a menudo se acompaña de mareos.

Además, la respuesta cognitiva al estrés puede desencadenar cambios en la respiración y la tensión muscular, contribuyendo aún más a la sensación de mareo. Los psicólogos han observado que la mente y el cuerpo operan en conjunto, y comprender esta interconexión es fundamental para abordar de manera efectiva los síntomas físicos asociados con el estrés.

Trastornos que se relacionan con los mareos en estados de estrés

La relación entre el estrés y los mareos se ve agravada en casos de trastornos de ansiedad, donde los síntomas físicos a menudo se entrelazan de manera compleja con los aspectos emocionales. Individuos que experimentan altos niveles de estrés crónico pueden desarrollar trastornos de ansiedad, caracterizados por preocupaciones abrumadoras y una respuesta exagerada a situaciones estresantes.

El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) y los ataques de pánico son ejemplos donde los mareos son síntomas comunes. La presión psicológica acumulada puede desencadenar episodios de mareos como una respuesta física a la ansiedad persistente.

La comprensión de estos trastornos relacionados es esencial para los psicólogos, ya que les permite abordar no solo los síntomas físicos evidentes, sino también las preocupaciones subyacentes que contribuyen a la manifestación de estos síntomas.

Estrategias para la gestión del estrés

La comprensión de la conexión entre el estrés y los mareos abre la puerta a estrategias efectivas de gestión del estrés. Los profesionales de la psicología pueden trabajar con los pacientes para desarrollar técnicas de afrontamiento personalizadas que aborden tanto los aspectos emocionales como los físicos del estrés.

La terapia cognitivo-conductual, centrada en cambiar patrones de pensamiento negativos, ha demostrado ser particularmente eficaz en la reducción de la ansiedad y, por ende, de los síntomas de mareo asociados. Además, la incorporación de prácticas de mindfulness y técnicas de relajación puede ayudar a restaurar el equilibrio en el Sistema Nervioso Autónomo y reducir la respuesta de lucha o huida.

En definitiva, la relación entre el estrés y la sensación de mareo es un fenómeno que requiere una evaluación y un tratamiento integral. Desde la activación del Sistema Nervioso Autónomo hasta los efectos psicológicos y los trastornos relacionados, cada aspecto está entrelazado en una red compleja.

Los profesionales de la psicología desempeñan un papel crucial al reconocer y abordar estas conexiones, siendo los profesionales que ofrecen a los individuos herramientas efectivas para gestionar el estrés y mejorar tanto su bienestar mental como físico.


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